Estrés

Estrés

Es curioso que dado el estrés con el que vivimos los humanos hoy en día, a algunos dueños les resulte difícil comprender que los perros, al igual que nosotros, también lo sufren.

Es importante que tengamos esto muy en cuenta, ya que de ello dependerá en gran parte su equilibrio emocional y nuestra convivencia con ellos.

¿Qué es el estrés?

El estrés es un proceso natural del organismo, que genera una respuesta automática ante condiciones externas que resultan amenazadoras o desafiantes para enfrentarse a ellas, generalmente, mediante la huida o la defensión.

¿Cómo podemos reconocer los momentos de estrés elevado en los perros?

Los síntomas más comunes son:

  • Jadeos (sin haber hecho ejercicio o tener mucho calor)
  • Aumento del ritmo cardiaco
  • Vómitos o diarreas
  • Falta de atención
  • Exceso de salivación
  • Hiperactividad

Gracias a estos síntomas, podemos reconocer fácilmente situaciones que a nuestro perro le generan estrés.

Cuando decimos “momentos de estrés elevado” nos referimos a picos de estrés que aumentan considerablemente. Como por ejemplo, después de visitas al veterinario o la peluquería, tras los petardos o sonidos estridentes que le produzcan miedo o en la visita de gente a nuestra casa…

Podemos realizar una serie de actividades, que en el momento nos ayuden a rebajarlo

  • Trabajar el olfato mediante juegos de búsqueda
  • Ofrecerle algún juguete portador de chucherías
  • Darle algún hueso o snack de masticación (si no está acostumbrado a comerlo, siempre se lo daremos bajo supervisión) para que pueda roer, ya que masticar provee la liberación de endorfinas y, por lo tanto, reduce el estrés

Pero en muchas ocasiones, un estrés elevado y prolongado en el tiempo puede acarrear serios problemas de conducta, entre ellos el miedo o los problemas de reactividad/ agresividad. Ya que como hemos comentado más arriba, el estrés genera de manera automática, respuestas de huida (miedo) o defensión (agresividad)

¿Cuáles son los principales síntomas de estrés generalizado?

  • Pérdida de pelo/picores de piel
  • Ansiedad por la comida o pérdida de apetito
  • Ladridos excesivos
  • Conductas destructivas
  • Problemas endocrinos
  • Heridas o manchas rosadas en las patas a causa del autolamido (esto puede ser debido también a dolor articular)
  • Estereotipias (comportamientos obsesivos, ej. Girar sobre sí mismo)

¿De qué manera podemos tratar el estrés de nuestro perro cuando ya es generalizado?

  • La alimentación: Equilibrada y de calidad.
    Podríamos considerar la alimentación como la base de la salud tanto física como emocional de nuestro perro, aunque a día de hoy se le siga dando tan poca importancia.
  • Rutinas: Destacaríamos quizás, éste, como el factor más importante.
    Los perros son animales de rutinas y necesitan conocer lo que va a suceder y sentir con ello que tienen el control de sus vidas. La cambiante hora de los paseos, de la comida o de cualquiera de sus actividades diarias no favorecen en absoluto su equilibrio emocional.
  • Lugar de descanso: Tranquilo y cómodo.
    Tienen que tener a su disposición un lugar, en el que puedan estar relajados y donde no se les moleste. Siempre adaptado a las necesidades de cada perro (un perro de 13 años al que le duelen las articulaciones tendrá que disponer de una cama mullida en la que logre descansar correctamente y sin dolor)
  • Ejercicio físico: Realizar una cantidad de ejercicio acorde a sus necesidades.
    Debemos grabarnos en la cabeza que el ejercicio es bueno y necesario, siempre que no sea en exceso (lo cual provocaría más estrés)
  • Actividad mental: irreprochable.
    Juegos de olfato, búsqueda, juegos de inteligencia, juguetes portagolosinas… etc. (Además de reducir el estrés, la actividad mental previene futuros problemas cognitivos)

Educación canina

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Podríamos definir la educación canina como las enseñanzas y habituaciones que hacen que nuestro perro se integre de manera sana y correcta en la sociedad.

Es muy importante que, desde cachorros, les brindemos la oportunidad de aprender correctamente y para esto es fundamental que permanezcan el tiempo necesario (de mínimo tres meses) con su madre y sus hermanos, ya que ellos son los encargados de enseñar las principales reglas de convivencia.
Entre ellas; las señales de calma o la inhibición de la mordida.
En esta etapa, nos resultará mucho más sencillo enseñarle a vivir relajado y sin miedos.

Pero si tu perro ya es adulto ¡tranquilo, no te preocupes! También es posible educar a un perro adulto y aunque sus conductas aprendidas, dificulten o alarguen el proceso, los perros adultos suelen ser más maduros, suelen prestar más atención y no se distraen con tanta facilidad como los cachorros.

EDUCACIÓN CANINA EN POSITIVO
¿QUÉ ES?

Describiríamos la educación canina en positivo como una manera de enseñar y educar de manera respetuosa, comprensiva y amable.

Dejando a un lado los castigos, gritos, ordenes, toques o tirones de correa y la antigua y tirana teoría de la dominancia, abriendo paso a una educación basada en el respeto, compañerismo, vínculo y el aprendizaje.

Os dejo una frase que me gusta mucho:

«Castigar es el síntoma claro del fracaso educativo y refleja nuestra frustración al carecer de otras herramientas para conseguir un fin.» 

Santy Vidal

Sin duda, podríamos asegurar que con la educación canina en positivo logramos aumentar el vínculo con nuestro perro en un 200% lo que acarrea numerosas ventajas en cuanto a la convivencia.

Además, cabe destacar que, con este tipo de educación lo que hacemos es enseñarle las pautas correctas para que él mismo aprenda por iniciativa propia.

Propiciamos la calma, tenemos muy en cuenta el estrés y reforzamos las conductas deseadas,mientras que, nos anticipamos a las conductas que queremos eliminar para cambiarlas.

Esto lo podemos entender mejor con las leyes del aprendizaje animal:

«una conducta reforzada positivamente tiende a repetirse y una conducta no reforzada tiende a extinguirse»